lunes, 18 de julio de 2011

50.- La Eucaristía: una acción de gracias, 1 Tes 5:16-19



50.- La Eucaristía: una acción de gracias, 1 Tes 5:16-19




El centro de nuestra vida de fe es la Eucaristía, palabra griega que significa “acción de gracias”. Los cristianos son gente agradecida y lo expresan en una letanía sin fin. Rézala, diciendo después de cada frase: “Gracias mi Dios, gracias”

Por la vida, su belleza y su profundidad.

Por Jesús, el hijo, al amado padre.

Por la paternidad y maternidad de Dios.

Por el reino de Dios: su cercanía y su presencia en medio de nosotros.

Por la fraternidad y solidaridad; el amor y cariño; la amistad y comprensión.

Por el vasto universo, con su brillo centellante y su mar de estrellas.

Por la naturaleza entera que alaba al Creador.

Por el pan en la mesa y el vino en la copa.

Por la fidelidad de nuestra Dios.

Por la muerte y la resurrección.

Por Jesús, que nos alimenta con la Eucaristía.

Por el Espíritu Santo que habita en nosotros y entre nosotros.

Por la paz y la comunidad que nos sostienen.

Por María, que nos acompaña en nuestra jornada de fe. Amen.

49.- La comunión de los santos, 1 Tes 4:13-18

49.- La comunión de los santos, 1 Tes 4:13-18



Desde el principio, Pablo ve la iglesia como una comunión de santos, personas consagradas a Cristo, que se van identificando con él. Esta “comunión-unión”, en Cristo abarca a sus miembros difuntos, vivos y venideros.

Puesto que en aquella época se pensaba que la segunda venida de Cristo, en que alcanzaría su plenitud el reino de Dios, sucedería pronto, los tesalonicenses se preocupaban por las personas que habían muerto antes. Pablo los consuela diciéndoles que todos los que vivieron unidos a Cristo resucitaran con él y los exhorta para que no se entristezcan.

La fe de Pablo en el Resucitado engendra una esperanza firme en el Dios de la vida, que reúne a todos sus hijos, del pasado, presente y futuro, en una comunidad de santos. Juntos formamos el pueblo de Dios, la iglesia. Esta convicción la profesamos en el Credo y la manifestamos al venerar a los santos que dieron testimonio de su identificación con Cristo.

48.- La Eucaristía: un memorial, 1 Cor 11:23-26


48.- La Eucaristía: un memorial, 1 Cor 11:23-26



Lee 1Corintios 11:23-26. Este es el primer escrito con las palabras de Jesús en su Última Cena con los discípulos. Los católicos creemos que cuando, siguiendo el deseo de Jesús, el sacerdote pronuncia estas palabras durante la Eucaristía para consagrar el pan y el vino a Dios, estos se transforman en el cuerpo y la sangre de Jesús, mediante una transustanciación, o sea un cambio de sustancia sacramental.

Después de elevar el pan y el vino, el sacerdote dice: “hagan esto en memoria mía”. Esta memoria nos refiere a cruz y a la resurrección de Jesús, donde radica el significado de su vida, pues Jesús muere para que nosotros tengamos vida. Nosotros respondemos con una aclamación de fe en el misterio pascual revivido en comunidad.

La participación en este sacramento nos une a Jesús, ilumina nuestro camino como discípulos suyos, y nos alimenta y fortifica para vivir en servicio y entrega con el. Procura participar siempre en la Eucaristía dominical y, si las circunstancias te lo impiden revive espiritualmente este misterio, con una pequeña oración como la siguiente o una similar:

Señor Jesús, aquí estoy. No pude participar hoy en la Eucaristía, pero me uno a las que están celebrando en este momento en todo el mundo. Soy parte de ti y de la comunidad y necesito que vengas a mi y renueves mi compromiso a seguirte. Quédate siempre y permíteme vivir como tu cuerpo místico en este mundo, hasta alcanzar la eternidad contigo después de la muerte. Amén.