lunes, 18 de julio de 2011

53.- Sana enseñanza sobre la fe y el amor, 2 Tim 1:13-14

53.- Sana enseñanza sobre la fe y el amor, 2 Tim 1:13-14



Desde la época de los apóstoles, la iglesia ha considerado esencial transmitir una “sana enseñanza” que no distorsione la fe y el amor que se encuentran en Jesús (2 Tim1:13-14). En la vigilancia de esta doctrina sana, la iglesia es asistida por el Espíritu Santo que habita en ella.

Al realizar este esfuerzo, la Iglesia Católica se basa en la Sagrada Escritura, inspirada por el Espíritu (3:16). En segundo lugar se apoya en la Tradición viva de la comunidad eclesial, que es anterior a la Biblia, y que no puede contradecir la Sagrada Escritura.

En tercer lugar usa la razón, pues si nuestra razón no fuera compatible con Dios y lo que el no revela y comunica, no podríamos entender su voluntad. El Magisterio de la Iglesia –el Papa y los obispos- es responsable de velar para que la unidad y autenticidad de la fe no se deteriore por ideas contrarias o equivocas.

El deseo constante de Jesús era hacer la voluntad de Dios. Así la iglesia se esfuerza por entender y cumplir la voluntad de Dios.

52.- Pastores y servidores de la iglesia, 1 Tim 5:17-22

52.- Pastores y servidores de la iglesia, 1 Tim 5:17-22








Durante la segunda generación de cristianos cristaliza una triple función de los lideres de las comunidades. Es interesante que los nombres de estos tres servicios provengan de la administración civil y no del lenguaje religioso de su tiempo:

  • El obispo es “supervisor” de la comunidad ( 1 Tim 3:1-7). Tiene que ser hombre respetable, firme en al fe y despegado del dinero, como Jesús.
  • El presbítero es el “anciano” de la comunidad. Debe ser respetado por su enseñanza y predicación (5:17-22).
  • El diacono es el “servidor” de la comunidad (3:8-13). Está al servicio de los pobres; debe mostrarse serio, hablar sin falsedad y no dejarse atraer por el dinero.

Los tres oficios nacen de la entrega de Jesús; son conferidos para el cuidado y la unidad de la comunidad, y se asignan mediante la imposición de las manos. Ellos garantizan la unidad de fe y el amor fraterno en la iglesia-comunidad, y con el tiempo dan lugar a sacramento de la Orden sagrada.

51.- Permanezcan firme en la Tradición, 2 Tes 2:15


51.- Permanezcan firme en la Tradición, 2 Tes 2:15

Antes de escribirse las cartas bíblicas, ya existía una tradición de fe en las comunidades cristianas, con creencias, costumbres religiosas y un estilo de vida según las enseñanzas de Jesús a la luz del Espíritu Santo. Tradición viva eclesial, anterior a la palabra escrita inspirada por Dios, suele conocerse como Tradición, “T” mayúscula, para diferenciarla de las tradiciones religiosas populares.

Los católicos consideramos que la Tradición y la Sagrada Escritura son dos pilares de la verdad de Dios, manifestadas en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Nuestra fe se basa en las dos y ambas nos ayudan a ser fieles a Jesucristo y a colaborar en su misión.

Las costumbres y tradiciones, como las devociones y las expresiones de religiosidad popular o de piedad familiar, muchas veces encarnan y popularizan una verdad de fe. Por ejemplo, las fiestas de los santos patronos son expresiones culturales de la fe en la comunión de los santos y enriquecen la iglesia universal.

Las costumbres y tradiciones populares son validad si ayudan a conocer a Cristo, a relacionarnos con Dios y a producir los frutos del Espíritu: alegría, amor, paciencia, autodominio, etc. Si no llevan a esto, necesitan ser revisadas o puestas en un nuevo contexto.

La Tradición está en el centro de la fe. Las tradiciones pueden ser marginales a la fe y deben ser purificadas de elementos que contradicen el evangelio de Jesús.