domingo, 11 de noviembre de 2007

42.- Vigilia pascual


42.- Vigilia pascual, Jn 20




El Triduo Pascual es el centro del año litúrgico católico y su clímax es la Vigilia Pascual, en la que celebramos el “paso” de Cristo de la muerte a la vida. La vigilia pascual tiene cuatro partes:




1. Lucernario. El Cirio Pascual representa a Jesús, centro de nuestra vida, luz del mundo en su triunfo sobre las tinieblas del mal. Con el Pregón Pascual alabamos a Cristo por iluminar siempre su iglesia y hacernos hijos de la luz.




2. Liturgia de la palabra. Las lecturas, abundantes como nunca, muestran el proyecto salvador de Dios a lo largo de la historia, desde la creación hasta la alegría de Cristo resucitado, pasando por la liberación de Israel y la expectativa del Mesías.




3. Liturgia bautismal. Si hay conversos adultos, se les bautiza en este momento. Todos los fieles encendemos nuestras velas con la luz del Cirio, celebramos nuestro Bautismo y, con la asamblea, renovamos el compromiso que contrajimos entonces.




4. Liturgia de la Eucaristía. Vivimos de modo especial la ofrenda de Jesús, y cantamos con particular énfasis: “anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús”.

En esta vigilia, el “aleluya” es majestuoso, pues con el aclamamos el triunfo de Jesús, nuestro salvador y hermano, sobre el pecado y la muerte. Fortificamos con la vivencia pascual, y habiendo renovado nuestro compromiso bautismal, salimos a ser testigos de Cristo resucitado con nuestra vida de servicio y alegría.

41.- Madre universal


41.- Madre universal, Jn 19:25-27

Lee Juan 19:25-27. Jesús crucificado, queriendo fortificar a “los suyos”, proclama una especia de testamento final y encarga mutuamente a su madre a su discípulo amado. La tradición de la iglesia ha visto en el discípulo amado a todos los creyentes, y en María a la nueva humanidad, la iglesia o la madre de todos los cristianos. Como el discípulo acogió a María seguimos acogiéndola los católicos.

La devoción a María como madre de todos ha llevado a los católicos a nombrarla como patrona protectora de sus países. Varios de sus títulos en América Latina señalan sus cualidades como la madre de Dios: Nuestra Señora de la Misericordia en la República Dominicana, de la Caridad del Cobre de Cuba, de la Divina Providencia en Puerto Rico y del Socorro en Guatemala, por nombrar algunas.



Con distintos vestidos y adornos, María nos revela su amor materno y nos orienta hacia Jesús, al acompañarnos en nuestro camino de fe y vida comunitaria, fortalecernos en la vida diaria, los sufrimientos y los conflictos, y comparte nuestras celebraciones. Sus palabras a San Juan Diego, en México, fueron las de una madre preocupada especialmente por sus hijos que sufren y viven angustiados:

Por que yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres…y de las demás estirpes de hombres…los que me busquen, los que confíen en mi, porque ahí les escuchare su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.


Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor…que nos se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva.

domingo, 9 de septiembre de 2007

40.- La paz de Cristo en la misa


40.- La paz de Cristo en la misa, Jn 14:27


Jesús se despide de sus apóstoles dejándoles su paz. Es una paz profunda y plena, que, al ser fruto del mayor amor posible, es activa, enérgica, constante y solidad; no una tranquilad pasiva.


En la misa, después de la oración del Padre Nuestro, al compartir la paz de Jesús, deseamos mutuamente que el amor de Dios nos llene, para seguir la vida cristiana sin inquietarnos ni tener miedo. Con esta paz de Jesús, los cristianos podemos mantener la ecuanimidad y la felicidad en medio del dolor, la persecución, la guerra, las enfermedades y la muerte, y somos capaces de vivir con dignidad y esperanza, incluso situaciones extremadamente difíciles.


Cuando en la misa llegue el momento de dar la paz, recibirla con el corazón abierto y entrégala a los que te rodean, feliz de compartirles este don de Jesús. Al salir de la mis, recuerda que es una paz activa, que se construye con tu esfuerzo; regálala y constrúyela entre tu familia, amistades y compañeros…., trata a todos con amor, bondad y justamente.