viernes, 3 de agosto de 2007

18.- Una alianza diferente


18.- Una alianza diferente, Jr 31:31-34


Este pasaje es una de las joyas del Antiguo Testamento. Fue escrito para dar esperanza a Jerusalén cuando fue destruida por Babilonia.




La alianza del Sinaí fue renovada varias veces con Josué, David, Josías y Nehemías. Ahora Jeremías anuncia esta “nueva alianza” con la ley grabada en el corazón, sellada por el perdón de Dios y fortificada para proyectar el amor de Dios a través del nuestro ( Jr 31:33-34). La primera alianza, en el Sinaí, fue escrita en dos tablas de piedra. En la nueva alianza Dios transformará los corazones de piedra en corazones de carne, capaces de compadecerse de los pobres y sentir como Dios siente.




Jesús cumplió esta profecía con su muerte y resurrección, y celebró la nueva alianza anticipadamente en la Última Cena con sus discípulos. Los católicos la revivimos una y otra vez en la Eucaristía, unidos a sus discípulos de toda época y lugar. ( ver también Mt 26:26-29)




Cuando comulgues recuerda esta alianza de Dios contigo y con los otros miembros de la iglesia, y piensa: ¿es el amor de Dios el que dirige nuestros sentimientos, actitudes y acciones?

jueves, 2 de agosto de 2007

17.- Contrición


17.- Contrición, Jr 31:18-20




Jeremías llama a su pueblo a arrepentirse de su pecado y regresar a Dios. Los católicos llamamos “contrición” a esta acción que nace del amor, pues solo este genera dolor por haber ofendido y el deseo sincero de no volver a hacerlo. Piensa en la persona a quien mas quieres; ¿qué sientes cuando le haces daño sin darte cuenta…y cuando la hieres consciente e intencionalmente? ¡Es horrible! , ¿No?


En el sacramento de la Reconciliación hacemos un acto de contrición para expresar el dolor por nuestras ofensas y el deseo de no pecar más. En la misa, al pedir perdón en el “Yo confieso”, imploramos la intercesión de María, los ángeles, los santos y nuestra comunidad.


Jeremías hace una breve oración de contrición “hazme regresar a ti y yo regresaré, porque tú eres el Señor, mi Dios” ( Jer 31:18). Escribe tu propia oración para usarla cuando quieras reconciliarte con Dios, quien espera tu regreso lleno de ternura y alegría.

16.- El siervo doliente


16.- El siervo doliente, Is 52:13 - 53:12


El ultimo poema del siervo del Señor se aplica a la pasión y pascua de Jesús ( Mt 3:17; Lc 4:17-21; Hch 8:32-33). Los católicos lo meditamos cada Viernes Santo, unidos a la iglesia universal. Es Cristo Jesús, siervo inocente, quien “entrega su vida como expiación, verá su descendencia, tendrá larga vida y, por medio de él, prosperaran los planes del Señor” (Is 53:10).


¿Por qué tenía que sufrir el Hijo amado? Por que el amor, el gozo, la gloria y el dolor brotan de la misma fuente. Basta con ver a unos padres ante su hija moribunda.

Al decir que ha llegado la hora de morir como el trigo, Jesús anuncia la cercanía de su pasión y su gloria (Jn 12:23). Mas tarde, Jesús explica como se relacionan el dolor y la gloria con la imagen de los dolores de parto, presagio de una nueva vida, fruto del amor (Jn 16:21).


¡El dolor de Jesús no es estéril! Mira con nuevos ojos el crucifijo: árbol sin hojas que presagia el verdor de la primavera. Que tu asombro no sea por el dolor, sino por la intensidad del amor… Y, cuando te encuentres con el dolor, no lo rehúses: debilitarías tu potencial de crecer en el amor. Une tu dolor a Jesús, quien en la humillación encontró el triunfo; en el dolor halló el gozo, y en la cruz alcanzó la gloria.


Padre bueno con corazón de madre, no entiendo ni me gusta el dolor. Me abandono a tu amor y confío en tu sabiduría para que sepa vivir el amor y el dolor como tu hijo Jesús, el siervo del Señor.